Bolivia se enfrenta a una grave escasez de combustible a medida que sus reservas de gas natural se agotan, una situación que el informe vincula a años de falta de inversión en la industria del gas del país. Mientras tanto, los precios de la energía siguen subiendo, una tendencia que el informe atribuye a la guerra en curso en Irán. La escasez y la crisis económica más amplia, argumenta, se derivan de años de malas decisiones por parte del gobierno.
La crisis tiene sus orígenes en 2006, cuando el entonces presidente Evo Morales puso la industria de combustibles fósiles de Bolivia bajo control estatal. Su gobierno renegoció los términos con las empresas internacionales de petróleo y gas que operaban en el país, y el Estado se convirtió en el beneficiario de los ingresos resultantes. Esa reestructuración cambió la forma en que se gestionaba el sector y cómo se utilizaban sus ingresos.
Según el informe, gran parte de la nueva riqueza del país se destinó al gasto público en lugar de reinvertirse en los campos de gas. Con poco capital retornando al sector, las reservas disminuyeron año tras año hasta que los suministros ya no pudieron cubrir las necesidades del país. Las consecuencias son ahora evidentes en la escasez de combustible, el aumento constante de los precios de la energía y una crisis económica que se profundiza.
Para un país que obtuvo ingresos sustanciales de su sector gasífero bajo el modelo estatal, el déficit conlleva amplias implicaciones. El caso ilustra un riesgo familiar para los estados productores de hidrocarburos: cuando los ingresos se canalizan hacia el gasto público y la reinversión se rezaga, la producción eventualmente resulta insuficiente para las necesidades nacionales. Las finanzas públicas construidas sobre esos ingresos se ven presionadas al mismo tiempo que el suministro de combustible se restringe. Para los ingenieros y operadores de toda la industria, la experiencia de Bolivia subraya cuán dependiente puede llegar a ser una nación productora de la inversión continua en aguas arriba, y cuán costosa resulta la brecha una vez que se abre.
Fuente: Oilprice